Ginebra es una ciudad conveniente ubicada, justo en la desembocadura del Ródano. La isla que da a la Plaza de Bel-Air, ha sido durante muchos años, un punto estratégico, incluso para Julio César cuando llegó a la ciudad en el año 58 aC.
En el siglo XII, se erige una fortaleza en la isla para controlar a los saboyanos. Durante el siglo XIV esta isla se convierte en mercado y posteriormente, en el siglo XVII, el castillo es demolido, salvándose sólo la torre, que fue restaurada a finales del siglo XIX, convirtiéndose en uno de los monumentos más destacados de la ciudad. Una placa marca el paso de Julio César y también podemos ver una estatua de Filiberto Berthelier, héroe de la independencia de Ginebra.